Martes




 Martes
            Hoy se suponía que sería un día feliz pero la lluvia arruinó los planes.
Felicidio. Esa felicidad tan genuina que te dan ganas de pegarte un tiro. Sí, vos que ligeramente estás observando lo que escribo, jugándote la carta del distraído. Yo también te observo. Me mandé una cagada. ¿Podrías, por favor, no contárselo a nadie?
Felicia cometió un felicidio. ¿Podrías, por favor, ayudarla a volver al depresilio? El exilio de su propia mente. Si la ves libérala; dile que regrese, que ya se hizo tarde.
            El otro día mientras llovía (Felicia era feliz. Todavía, querido, todavía y a pesar de las circunstancias), todo mi corazón brincaba de la alegría. Pero hoy no. Me puse Tristán. Oh, quiero jugar con los nombres y las palabras, ¿No es hermoso?
            Mi cabeza era una Macedonia de pensamientos; jugaban una carrera para ver quién llegaba más rápido a mi pobre corazón hasta transformarse en sentimiento, impulsivo e impuro. (Tengo sueño. No quiero continuar escribiendo).

Comentarios

  1. Mi macedonia la he puesto hace un par de semanas a macerar con nuevos ingredientes. Todos desconocidos hasta ahora. O me arreglo la cabeza o la tiro para siempre.

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