Sábado



            Quisiera pedirme una licencia de la vida para escribir. Para poder aclarar y repensar todas las cosas que ya conozco, que ya me sé de memoria. Para entenderlas; para que estas palabras las consagren y desgarren hasta que no quede nada de los recuerdos. Una pausa, por favor. Y que en él solo viva el silencio. Un telón negro, por favor.
            No quiero saber nada más por un momento. Al menos hasta terminar de comprender. Aunque es mentira eso de que se puede “terminar de entender”, o conocer a fondo. Es mentira todo eso. Necesitamos de los nuevos conocimientos para completar los anteriores; como un rompecabezas que solo viviendo se pueden adquirir las nuevas piezas.
            Quisiera completarme; que no me falte nada. No quiero sentirme vacía nunca más. Pero este vacío es lo que me ayuda a querer continuar viviendo y avanzando. Es la zanahoria delante de mis ojos que persigo incesantemente, indefinidamente. Le tengo miedo a lo infinito. Por favor, no me dejen caer en el agujero negro incomprensible de esta vida.
            Entiendan que si caigo una vez más ya no habrá retorno porque no lo permitiré. Me prometí hace dos años que iba a intentar DE VERDAD salir hacia adelante. Pero si acaso conociendo la sanidad prefería volver a la oscuridad, pues ¡Que así sea! Aquí estoy, intentándolo. ¿Cómo sabré si ya lo intenté o si todavía necesito seguir intentándolo? ¿Cómo sabré cuando habré terminado de intentar, para decidir definitivamente qué prefiero?
            ¿Blanco o negro? Yo soy toda oscuridad; dentro mío palpita un haz de luz. ¿Qué es? ¿La escritura? ¿Mi propia existencia? ¿Soy aquella luz en la intimidad de mi oscuridad? ¿Sabré saberme pura blancura?
            Quiero, quiero, quiero, y en consecuencia me vacío. Cuanto más anhelo, más desarmada me voy transformando; mi propia metamorfosis hacia la destrucción. Quiero aprender a construirme.
            ¿Desarmada? Yo diría que desalmada.
            Sé que hay una voz que me pide que no la abandone. El problema es que ambas, yo Lucía y esa Lucía, queremos vivir pero de formas completamente distintas.
            Una de ellas necesita la oscuridad; la otra puja hacia afuera, la luz. ¿No puedo aprender a vivir en ambos estados? (Soy el vapor y soy el agua).
            Vivir con esta constante y excesiva confusión es terrible.
            ¿Alejandra, estás allí? ¿Aún podés escucharme? Por favor, no me abandones. Sé que te dejaste caer, elegiste la oscuridad. Pero ahora escucháme. Yo no puedo seguir el mismo camino.
            Alguien te dijo que corrieras, que volaras; era la única forma de conseguir la libertad última. Yo te digo que existían otras maneras. Ya no importa, ¿Verdad?
¿Serías tan egoísta de contemplar el vacío hasta saciarte, sabiendo que así destrozarías    por igual a todas las personas a las que les importas? ¿Serías capaz de pedirme que te dé la mano y te acompañe, sabiendo que así yo terminaré destrozando a todas las personas a las que les importo?
            Lo que ahora necesito es que no me abandones, que dejes de abandonarte por un momento para hacerme compañía acá, en el mundo real y no allá abajo en la oscuridad.
¿Serías capaz de hacer ese sacrificio por mí? Al fin y al cabo, ¿Quién dijo que la vida es una sola? La vida existe donde sea que haya contemplación y una conciencia. Yo existo acá, a mi manera, vos allá en la tuya propia.
            Yo te entiendo, Alejandra pero los demás no. Ellos piensan que elegiste la muerte por sobre la vida. A mí modo de ver, elegiste otra forma de vivir. Sí, hablo de esa muerte en vida: la oscuridad. El adiós cuando todavía no es literal.
            Tengo miedo de decirte lo que pienso ahora sobre el suicidio. Si lo hago, ¿Prometes no odiarme?
            Antes creía que toda persona debería tener derecho de elegir el destino de su vida. Ahora no estoy tan segura.
            Creo que siempre existe gente a la que le importamos; el problema es que estamos demasiado deshechos para verlo. Si yo misma no me importo, ¿Cómo puedo dejar que otro me ame? No lo acepto porque me pienso como alguien inamable. (¿Te conté que ahora invento palabras?).
            El punto es que cuando yo me lastimo, indefectiblemente termino afectando a las personas que me quieren. Solo veo dos posibles soluciones al dolor: O me exilio completamente sola, sin entablar conversación con nadie o me quedo para intentar de verdad estar bien.
            ¿Qué logro con el exilio? La soledad que todo ser humano necesita para pensar y aclarar sus ideas. Y es preciso a veces estar solo para que las relaciones afectivas no intervengan en nuestras decisiones. Necesito saber que lo que elijo es por mí y no en pos de otros.
            Si luego de este exilio, continuas con ganas de morir… (Lo dudo. Es decir nunca lo intenté pero lo dudo), entonces cuando la gente ya se haya acostumbrado a tu ausencia, te matas. Punto final. No creo que sea necesario llegar al suicidio pero bueno, es mi teoría.
La segunda opción suele ser la más difícil al contrario de lo que parece.
            Es difícil convivir con uno mismo en soledad que con la ayuda y el apoyo de otros, estoy de acuerdo pero quedarse en el lugar exacto del dolor y decidirse a enfrentarlo puede resultar más doloroso. A veces también necesario. Hay momentos donde tenemos que soportar, en lugar de continuar huyendo. En realidad son esos momentos donde no nos queda ninguna otra opción; el muro frente a nuestros ojos es intransitable, definitivo.
            Ahora hace dos años decidí quedarme para intentarlo. En ese proceso estoy, Alejandra.
            A veces se me hace demasiado complicado, necesito recluirme, volver a la oscuridad. Necesito el exilio. Pero soy demasiado cobarde para ello. No sabría estar sola. Me volvería loca o peor.
            Necesito de la gente, del apoyo, de las voces reales a mí alrededor.
            Estás en tu derecho de burlarte. Al menos vos tuviste determinación al tomar una elección.
            Siempre me faltó constancia en casi todas las cosas que empecé a lo largo de los años. El mayor logro será tener constancia en esto del vivir. Lucharla, ¿No?
En eso estoy.
            Así que reitero mi pedido: Por favor, no me dejes. Quedate un rato conmigo hasta que se me pase este no sé qué en la garganta (Hasta que pueda llorar).

Comentarios

  1. Jo....
    Si pudiera estoy seguro de que Alejandra te contestaría...
    Seguro que no se burlaría.

    Saludos.

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    Respuestas
    1. sería bonito que Alejandra pudiera ser ahora más que una voz en mi cabeza, que me hable, que me cuente su dolor

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