Viernes



La ceniza de este cigarrillo hunde a las lágrimas con su peso. Pero no se equivoquen. Lo que pesa aquí es la ceniza, pues es impura y adictiva.
Una que otra vez me doy cuenta de que yo misma soy la cura a lo que me sucede pero me asusto, y me transformo en cristales partidos con mis propios tímidos pies que tantean en la oscuridad. Sé que están doloridos y sangrando, sin embargo no los escucho, sólo les grito: ¡Sigan caminando, vamos, que algún día llegaremos a tierras fértiles y agraciadas! Las pisarán con orgullo.
El problema no es caminar, tampoco que no me importe mi dolor, o la gran falta de compasión que me genero.
El problema, se los confesaré, es no saber a dónde estás yendo. El mundo es amplio pero tu capacidad de absorción y resistencia es mínima, nula, pequeñísima ante un abanico de posibilidades que abruman.
Entonces, sí, es de suma importancia preguntarte por qué uno vive. No para qué. Por qué.
Y acá no hay respuestas; vacío… silencio. Ese espejo que te devuelve unos hermosos ojos rojos de aguantar el llanto, encrudecidos por la carencia. Ya no sos Lucía persona, sos la nada misma.

Comentarios

  1. No sé si todos han experimentado la sensación de cansancio al caminar, al luchar en esta vida sin saber realmente por qué lo estamos haciendo. Pero, yo sí. Pero te diré algo, soy de esas personas (quizá demasiado crédulas) que piensan que a veces para encontrarnos, debemos de perdernos primero. Te leo, www.somosfuego.blogspot.com

    ResponderEliminar

Publicar un comentario