Lunes



            Últimamente me estoy sintiendo “sin esperanzas”. (He encontrado otra palabra que me gusta. “Asperger”. ¡No, qué va! La enfermedad en sí no, la palabra. Quizá porque también me gusta el nombre Astrid. Pero nunca Ana; Ana es mi segundo nombre, lo odio. Además se las llama así a las anoréxicas, y yo nunca podría ser anoréxica. Soy demasiado gorda para encajar. Demasiado autocompasiva, por ende, como y me atraco.
            Bulimia, Bullying. Bull significa toro en inglés. Soy un toro bulímico que padece de bullying. ¿Es porque soy gordo? No me discriminen, por favor.
            Asperenzada, en mi imaginario significa “persona sin esperanza”. Esa sería otra linda palabra. Similares: Aspereza; Asperger (de nuevo), pereza, perenne. Por favor, no le hagan bullying a mi pequeña dulce mente que tiene estas ocurrencias divertidas y esporádicas. Piense que si usted le hace bullying, no le quedará otra opción que matarse porque yo misma no le quiero. No conoce de amor propio. Y entre nosotros, creo que nunca lo conocerá dado que no pienso aportarle ni la mínima definición de éste; no necesito que me demande y me lleve a juicio por abandono de persona).


            Luego de todo este gran paréntesis, lo que iba a decir es que me estoy sintiendo asperenzada.
            (Nuevo paréntesis: El corrector de Word me tira otras opciones bastantes similares a la increíble palabra que creí inventar. Asperezada es una. Me siento plagiada. Bueno, yo creé el plagio. Abogado, por favor. Venga a defenderme. ¡Qué estafa! Me siento estafanzada.
En serio, Lucía. Tenés que dejar de “inventar” palabras porque no son tan originales como crees. Además tampoco tenés amigos como para compartirlas. ¿No te suena aburrido eso? Sin amigos. Sola. Yo soy sola. Asolada. Literalmente soy/estoy asolada
Pero, querido, si uno escribe para que alguien lo lea. No necesito de amigos para eso).

            Siguiendo. La esperanza es algo extraño. Quisiera encontrarle una vuelta, dado que simplemente resumirme como alguien negativo no entra en mis planes. ¡Y mucho menos el intentar resumirme! Dios, qué horrible palabra. ¿Por qué alguien creó el resumen? Si querés aprender sobre algo no podés leer un resumen. Tenés que ir a la fuente y hasta el fondo. A veces es tedioso, otras da asco, como el jarabe para la tos, pero necesario. ¿Se imaginan leer un resumen de la obra de Freud? Seguro mucha gente lo habrá googleado pero… ¿Qué les pasa? Vayan a leer.
            Es cierto que el internet en nuestros días resulta muy tentador. Por experiencia propia puedo decirles que la mayor parte de las cosas que son tentadoras terminan jodiéndote la vida.
            Ahora no sé si porque soy una persona negativa que me atrae tanto lo oscuro y depresivo que pensar en alguien positivo me da arcadas. Alguien que necesite todo el tiempo consumir ilusiones y falsas esperanzas… no lo sé, algo no va bien en su vida. Sí, bueno, todos las hemos necesitado de vez en cuando. (Lamentablemente la negatividad es como la carne de soja con la carne vacuna para un intento de vegetariano: es rico, llena pero nunca va a saber igual que un buen asado).

            En fin, creo que si me dispusiera a buscar esperanzas las podría encontrar con facilidad. Es decir, están ahí y son las mismas que estuvieron la semana pasada. No se fueron a ninguna parte. Pero ¿Por qué no puedo verlas?
            Increíble los trucos y pasadas que puede jugarte la mente. Da un poco de miedo, ¿Verdad? Miedo a no poder controlarlo y cometer alguna locura. Miedo a perder el control. Miedo a desorganizarme y no poder volver nunca más al orden y la rutina. Me da mucho miedo el miedo, por favor, no me dejen sola en estos momentos.  Asístanme; no me quiten los ojos de encima por más que luego los deteste y quiera recluirme en mi habitación para hacer esas cosas que solo yo sé que hago. Seguro pensaste en algo sexual, ¿No? ¿Que me encierro para hacer cosas sucias? Ja, no. Ojalá fuera eso, porque si lo fuera al menos podría decir que es algo normal. Todos tenemos necesidades sexuales. Justamente lo mío no es sexual, y quizá eso es lo que me falta: Necesidad sexual. Por algún motivo que aún no analicé, cuando aparece el deseo nunca lo puedo ubicar en una persona real, de carne y hueso; porque no existe nadie real que me interese, que me haga perder la cabeza. Por ende, este deseo sexual –aunque momentáneo; ráfagas migratorias- no es una adquisición; es una falta, un vacío pero que en su momento simula ser satisfactorio. Mis deseos de esta índole son imaginarios, su rostro nunca dura más de dos meses.
            Tampoco sabré qué hacer cuando llegue el momento y necesite ponerle nombre y apellido a ese rostro. Me desarmaré, oh, me asolaré. Y no quiero, no puedo. No debo ser débil y ceder. Lo único que literalmente me hace perder la cabeza es el pasado. Lo odio; por ende me odio a mí en cada recuerdo donde aparezco. Atravieso una despersonificación en éstos recuerdos. Sonará extremadamente raro pero odio aquello que no reconozco. Odio esa persona que alguna vez fui sin embargo no puedo reconocerme. Yo no soy el pasado pero el pasado me hizo a mí. Todo esto que soy, indefectiblemente es por la persona que fui, -esa misma que afirmo odiar aún sin reconocer.
            Es terrible todo esto que estoy contando pero de seguro no lo entienden, y ¡Que no me entiendan y no me revaliden quizá duela más! Necesito ser en función del reconocimiento porque yo misma no me sé. Miro fotos de hace años atrás y literalmente no puedo volver a ese momento y recrearlo. No me pasó a mí, le pasó a alguien más. ¿Entienden que no puedo confiar en mis instintos? ¿Ahora entienden por qué es tan importante que me entiendan y revaliden? Díganme que existo, por ende existiré.
No. ¡Qué va! Me rindo. C'est fini.
            Ja, quería hablar de la esperanza. Si miran fijamente estas páginas quizá encontrarán mis íntimos deseos de hacerlo. Claro, al principio. Ahora ya no sé.
Ahora no me siento “asperenzada”, no señor. Me siento depresiva, mas no quisiera contagiarlos. Vayan a pasear a algún parque lindo, salgan, disfruten, vivan. Hagan todo esto que yo no me atrevo a hacer.
            Sí, dale, vayan. A la vuelta los estaré esperando acá; a la vuelta ya habré devanado mis sesos, me habré reído genuinamente dos o tres veces, habré hecho muchos avances y retrocesos. Pero seguiré estando acá, siempre en el mismo lugar.

Comentarios