Prólogo, o qué es Escrache



Prólogo

            Tengo una idea sabia sobre escribir una novela sabia pero cuando intento materializar esta idea, este injerto de pensamientos brillantes transmitidos por una gran sabiduría antigua… ¡Qué va! El intento es nulo; en cambio, me encuentro aquí describiendo bonitamente la idea sabia que me ronda por la cabeza hace varios días.
            Me satisface pensar en ella, mas ¿Qué exactamente quiere significar? En nombre de la sabiduría se ha escrito demasiado pero de ahí a ser realmente sabio, existe una gran diferencia.
            Rescato a mi amigo Kerouac en su prosa espontánea, aquella que se escribe de un tirón, sin sobre pensar la forma o la utilidad de las palabras: suele ser la mejor.

            Como decía, hace unos días vi un camino. No. Más acertado sería decir que lo sentí –aunque de ninguna manera a través de los cinco sentidos.
            Sucedió dentro de mí, como cuando te late deprisa el corazón y sentís ese BOOM. En ese momento, tu cabeza lo identifica exactamente: el corazón bombea a gran velocidad; en tus oídos resuena un sonido similar a una explosión; tu cuerpo siente el temblor. El sabor amargo y el olor como a algo que se está quemando; todo eso coincide con lo que creíste ver, un corazón explotando.
            La diferencia reside prácticamente en que nada de esto es real. Si tu corazón bombeó sangre, fue un proceso interno como cualquier otro.
            El ser humano sobrecargado de fábulas, y con un ahínco casi obsesivo, diría yo, necesita explicar lo que sucede a su alrededor.
            Se me heló la sangre cuando lo vi. ¡Se me paró el corazón! Te lo juro. Sentí cómo late si no me creés.
            El otro puede llegar a dudar de sus sentimientos pero jamás cuestionaría dichas expresiones mencionadas arriba porque lo ha vivido en carne propia.
            Un buen encabezado periodístico, por cierto: “¡Se le heló la sangre pero sobrevivió para contarlo!”.
            Sin embargo a veces el ser humano experimenta situaciones que no pueden explicarse. Uno sabe que todo eso se encuentra en algún lugar dentro nuestro, ¿Qué es todo esto? Si lo relatara, perdería su sentido maravilloso y hasta casi místico.
            Mi punto es que no puedo explicar bajo ningún concepto cómo es sentir el nacimiento de una idea pero si la podemos identificar, al menos la palabra intentará quebrar los muros altísimos de defensa del subconsciente y así al menos acceder a la comprensión de la idea.
            Para añadir algo más, esta idea está cargada como si fuera una sustancia radioactiva y fluorescente de lo que previamente experimentamos sin alcanzar a narrarlo en un lenguaje verbal, incluso físico.
            Escribiendo esto, me asaltó otra extraña sensación. Por algún motivo di por sentado que aquello que sentí sin poder extirparle un significado verbal, cual piñata rellena de palabras sueltas, era mucho más importante que la idea en concreto; en este caso, escribir el libro.
            Si uno intentara buscarle el sentido práctico y hasta humano, me atrevería a decir, importa aquello que tiene una transcendencia y por ende, puede transmitir y justificar su existencia.
            El común de la gente prefiere leer una novela o incluso un libro de ciencia antes que algo completamente ilógico que no se puede seguir con cierto orden, frustrándose al no comprenderlo. Un libro basado en percepciones imposibles de describir.
¿Por qué llama sabia a esta idea? Esto, que de ninguna manera es una novela, son escritos personales que entrarían probablemente en la categoría de diarios íntimos. La diferencia es que estos pensamientos de una mente divergente, como me gusta llamarlos, derivan de mi trabajo terapéutico y las experiencias que me tocaron vivir con tan sólo veinticuatro años. Considero que para escribir un diario o un registro no hace falta tener determinada edad y pensar que ésta nos ha dado alguna especie de sabiduría y categoría privilegiadas. Porque antes de cumplir, por ejemplo, cincuenta años debemos atravesar la vida y al mismo tiempo que ésta nos atraviese. En ese mientras tanto se vive y se tiene mucho que contar
            Por último quiero informarle al lector que esta idea de novela sabia es imposible de realizar, principalmente porque mi poder de escritura y empobrecida imaginación no está a la altura de narrar lo sabio de estas experiencias. Segundo: las expectativas se alimentan de un aire ficticio y si intentara penetrar en los recónditos espacios infinitos de mi subconsciente, me hallaría indefensa, y para continuar debería respirar oxígeno del mismo calibre con el que respiran allí abajo aquellos horrendos y fascinantes monstruos del pensamiento colectivo.
Pero sí puedo intentarlo.
            Comparto desde mi humilde posición las mismas tentativas y explicaciones que Mario Levrero dio en el prólogo de su libro La novela Luminosa, donde nos aclara por qué es imposible escribirla aunque lo intentará. Supongo que solo cuando tuve este arranque de la idea sabia comprendí realmente lo que Levrero quiso decir.

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